Instrúyete, instruye…y veras la bendición.
Cada primer domingo del mes, es tradición en nuestra iglesia de orar por nuestros niños. Uno de los valores y propósitos para nosotros es seguir el mandato del Jesucristo de “Dejar los niños que vengan a mi, y no se lo impidan, porque de ellos es el reino de Dios”.
¿Como puede ser que nosotros siendo padres, donde nuestro amor entero esta dirigido hacia nuestros hijos, les impidamos que conozcan al Señor Jesucristo y que crezcan en la sana doctrina de la fe?
Para ti papa y para ti hijo/a.
Que se te viene a la mente cuando escuchas la palabra Papá?
Esa palabra mágica que la mayoría de los hombres esperan con ansias cuando tienen a su hijo/a pequeño/a; la mayoría quieren que sea la primer palabra que aprendan a decir. Y cuando al fin sucede…ese sentimiento de amor y orgullo es reflejado en sus caras. Pero con el transcurso de los años su significado puede cambiar.
Decir papa significa más que ser el responsable biológico del nacimiento de un bebé; significa el comienzo de una serie de compromisos y responsabilidades para empezar, pero también momentos y experiencias que nunca se olvidan.
Pentecostés, tiempo de transformación.
“ Entonces Pedro, alzó la voz y les hablo diciendo: Varones judíos”. Hechos 2.14-21
La reflexión anterior estuve tratando el tema de la Ascensión de Jesucristo, momento inolvidable lleno de promesas de su presencia con nosotros a través de su Santo Espíritu.
Hoy me quiero referir al siguiente acontecimiento milagroso, poderoso y único en la Biblia donde por primera vez, los discípulos del Señor y todos sus seguidores experimentaron ese poder sobrenatural cuando fueron llenos del Espíritu Santo.
Esperar es bueno
“Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” Hechos 1.1-11.
En un día como hoy, fue el último día que Jesús se les apareció a sus discípulos después de haber sido crucificado y vencer la muerte con su resurrección.
Tu Eres la Iglesia
El Salmo 111. 1 dice: “Alabado sea el Señor! Alabaré al Señor con todo el corazón en la congregación, en compañía de los rectos”.
Leyendo un devocional el Rev. Martin Copenhaver daba el testimonio de una anciana “Marjorie Scoboria” que a sus 104 años de edad continuaba asistiendo a la iglesia, a pesar de su dificultad para pararse y sentarse, con problemas de audición y visión esta anciana no faltaba.